2 casos en que las adicciones te convierten en un esclavo

Adicción

Las drogas no son chulas ni te hacen más guay. Echando monedas en una máquina no te vas a volver rico. El sexo sin sentido y a todas horas no es un placer. Malgastando veinte horas de Fortnite no vas a conseguir vencer ningún miedo. Las adicciones (sean cuales sean) no te hacen ni más feliz ni más interesante. Son todo lo contrario: te roban la libertad y te hacen un esclavo de por vida (si no logras salir de ellas). Por si esto no fuera suficiente, todos a tu alrededor (aquellos que te aman) pueden resbalarse también por una situación de dolor. ¿Crees que esto merece la pena?

Cómo te ves si estás en una adicción

Tú estás dentro y no te ves, pero esa adicción que forma parte de ti y de la que no quieres salir te vuelve un individuo violento, irascible, perezoso e irracional. Te aleja de de los que te aman hasta tal punto que solo te queda la soledad de tu adicción. Poco a poco tu mundo será más pequeño. Te acabarás quedando sin amigos reales. No te engañes. Esos que te acompañan cuando “te pones” son  solo colegas del infierno.

A la más mínima te dejarán hundido en el barro. No. Las adicciones no admiten medias tintas. No te puedes situar en una escala de grises. Si estás en ellas, has bajado a la oscuridad y te sientes (con toda probabilidad) perdido, abandonado y encarcelado. Solo tienes una opción: salir a la luz brillante de la libertad sin ataduras de ningún tipo.

¿Qué son las adicciones y cómo distinguirlas de una conducta no peligrosa?

Se considera que cualquier pasión, gesto o juego se convierte en una adicción cuando tu vida se trastoca tanto que no puedes vivir sin esa sustancia, acto o gesto. Pongamos un ejemplo, si te tomas una botella de champán en fin de año y luego te invitan a una boda en abril y te pasas con las copas, no eres un adicto. Eso sí, entre uno y otro te olvidas de que tienes una botella de vino guardada en la despensa. Si, por el contrario, no puedes pasar más de dos horas sin disfrutar de ese trago, ya tienes un problema con el alcohol.

Más datos sobre las adicciones

Si tienes sexo a diario con tu pareja y puedes hacer una vida normal (en el plano familiar, de amistad o laboral), sencillamente eres una persona afortunada. Al contrario, si te llevas todo el día pensando en ese encuentro sexual y eso no te permite realizar tus labores con normalidad, aquí comienza el problema.

Si puedes tomar dos cigarrillos al día y ya está, vale que estás maltratando tus pulmones pero no eres un esclavo de las adicciones. A cambio, si no viajas en tren o no asistes a ese concierto que tanto te gusta porque no te permiten fumar, ya te digo que tienes un problema. ¿Lo ves? Te estás perdiendo lo mejor de la vida por rendir pleitesía a una droga. Y no digamos ya si te llevas todo el día enganchado a la marihuana o a sustancias aún más destructivas como la heroína o la cocaína.

¿Quieres más? Vamos con casos reales.

Hugo, el niño tímido que empezó con las pastillas y acabó echando su vida a la basura

En Dear Coach no somos muy de juzgar. Creemos que eso no nos corresponde. Aquí estamos para ayudar, para tender una mano con amor a todos aquellos que estén pasando un momento difícil en su vida. Pero en el caso de las adicciones sí tenemos que decir que se tiran vidas por la borda y… ¡por nada! Por ser esclavo de una sustancia. Eso le pasó a Hugo. Tenía apenas 14 años cuando se acostumbró a las fiestas de música electrónica. Hasta aquí todo bien. Allí se encontró con pastillas (drogas sintéticas de todo tipo) con efectos diversos. Una lo subía a las nubes y otra le hacía un cosquilleo muy simpático en la base del cráneo.

Las adicciones a las sustancias de Hugo

Su timidez se desvanecía y, además, podía bailar días seguidos sin parar. No sentía ni el dolor en los tobillos ni en las rodillas. Por esas sensaciones firmó un pacto con las pastillas y cada vez que iba a una fiesta se “comía” (según su argot) todas las que le ofrecían sin pensárselo. Así pasó sus 14, 15, 16… Con ese plan perdió los estudios (fracaso escolar) y el siguió de fiesta…hasta que un día, al salir de una de ellas, vio una banda de mariachis armados con espadas medievales que venían a matarlo. Eso fue lo que él vio. Los que estaban allí no vieron nada. Y no es que se convirtieran en testigos cobardes. Sencillamente, Hugo había tenido su primer brote psicótico al que siguieron episodios delirantes.

¿Qué ha pasado con la vida de Hugo?

Aunque dejó estas adicciones aparcadas mientras se recuperaba en el hospital, en su fondo interno seguía rindiendo la misma pleitesía que aquella primera vez. De las pastillas pasó a la marihuana. De vez en cuando experimenta con la cocaína. Hugo ha cumplido 40 años. Aún vive con su madre (anciana y enferma). No ha logrado mantener un trabajo más allá de dos meses seguidos. Vive de las propinas de padres y tíos. La ansiedad es una constante en su vida, aderezada con ataques de ira hacia el Universo al completo.

Las parejas que ha logrado seducir (aún conserva parte del encanto de la niñez) salen huyendo en cuanto atisban ese negro abismo de dolor y falta de libertad. Apenas sale de casa. Se queda encerrado en su cuarto desordenado y lleno de cachivaches. Los distintos episodios delirantes le han hecho mella a nivel celular y se ha vuelto desconfiado, con ataques de pánico y crisis psicóticas que necesitan medicación.

De vez en cuando, cuando sonríe, aún sale a relucir ese niño de 14 años que se creyó más fuerte que las pastillas que le hacían bailar toda la noche.

Manuela, la guapa heredera que acabó en la indigencia

La pobreza no tiene que ser sentida con tristeza. En muchas familias, parejas o personas solas se vive con serenidad la falta de recursos y eso no quita para llevar una vida plena, feliz y dichosa. Si hay amor, la pobreza, incluso, se olvida. Manuela no nació pobre. En su casa había, como se dice, de todo. Fue a un buen colegio e, incluso, terminó la universidad. Eligió ser farmacéutica como su madre y su abuela. Primero fue la matriarca del clan. La abuela murió muy mayor de una insuficiencia respiratoria y su madre sucumbió apenas un año después a un cáncer de pulmón. Manuela se quedó a cargo de la farmacia y de todo el patrimonio heredado durante dos generaciones.

¿Cómo empezaron las adicciones de Manuela?

Para los parámetros actuales podríamos decir que disfrutaba de una posición desahogada. No sabemos cuándo  se torció todo, pero Manuela, cada noche pasaba largas horas en el bingo. Se llegó a convertir en su segunda casa. Allí desaparecían billetes acumulados durante años. Luego se aficionó al casino, a la ruleta, a las máquinas tragaperras… Su estímulo eran esas horas fijas en un número, una bola, una ficha… Su felicidad era ver cómo pasaba la bola de un lado a otro. En cada movimiento se iba parte de sus ahorros y de su herencia.

Seguimos con la adicción al juego de Manuela

Al principio solo eran las noches y podía atender su farmacia con normalidad. Eso solo fue al principio. Cada día se le hacía más insoportable los estantes de la botica. No atendía el negocio con diligencia. Los empleados empezaron a sisarle descaradamente. Hacienda llegó con un requerimiento que no atendió. Sus prioridades eran otras: quería llegar a cantar ese super bingo o saltar la banca de la ruleta. Esa era su meta. No había ninguna más.

Descuidó su legado y su fortuna. Cada día un poquito más, un poquito más, un poquito más… No llevaba las riendas de su vida. Se convirtió en una esclava de las adicciones al juego. Acabó por no comer (encadenando un trastorno alimenticio tras otro), por no dormir, por cerrar la farmacia, por dejar las cuentas bancarias a cero.

Sola, sin amigos y sin familia solo le quedó en tintinear de la bola que con su sonido le había robado todo.

En Dear Coach queremos ayudarte con las adicciones

El objetivo de esta entrada era poner aquí 10 casos conocidos en Dear Coach de adicciones no tratadas o que solicitaron ayuda profesional cuando estaban muy avanzadas. Hoy traemos dos nada más para no hacer la entrada muy larga. Aquí nunca podemos utilizar el calificativo tarde aunque lleves décadas siendo esclavo de sustancias, actos o gestos. Creemos firmemente que todos y cada uno merecemos estar bien e  iniciar el camino de la serenidad y la felicidad. Todos y cada uno llevamos un potencial en nuestro interior que nos hace sentirnos grandes cuando lo ofrecemos al mundo.

Así que Otro día más testimonios sobre adicciones

Hay quien tiene el don de la sanación, otros que han sido bendecidos con el de la palabra, el de la construcción, el de la justicia, el del cariño hacia los animales… Todos tenemos uno. Hay quien es tan pro que tiene un par de ellos. Las adicciones no te dejan sacar esa potencial. Te amordazan. Te impiden caminar hacia la meta que te hace feliz. Tú entregas tu libertad y tu vida a cambio de una ilusión pasajera. Te convierten en un esclavo. Para salir de aquí vas a necesitar sí o sí ayuda profesional muy especializada. Eso sí, el premio es recobrar la alegría de tu vida. ¿Puedes pedir algo mejor? Sin juicio te contesto: creo que no hay nada más que merezca la pena.

¿Hablamos? ¿Te animas a contactar un terapeuta de adicciones de Dear Coach?

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