Agorafobia, cuando salir a la calle se convierte en una tortura

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En el antigua Grecia el ágora era la plaza pública donde se hacía la vida de la ciudad. Este emplazamiento no es asimilable a ningún otro de cualquier ciudad actual. Como el foro de la Antigua Roma, allí se iba a mercadear (comprar y vender), a hacer política (conseguir votos o favores para el Senado), a hablar de las novedades (chismorreos y habladurías), a conspirar, a montar negocios, a beber, a comer y hasta había un espacio para el filósofo y la prostituta. En el ágora tenía lugar toda la vida que no se hacía en la intimidad del hogar. Era un espacio abierto (normalmente cubierto en parte con un pórtico) que lo mismo servía como escuela o mercado que de esparcimiento y ocio. En Dear Coach nos gusta tener un planteamiento abierto a la hora de afrontar el conocimiento del espíritu humano. Por eso, hoy compartimos estas notas de lingüística histórica que nos ayudan a entender la enfermedad. 

Agorafobia, por tanto, nos remite a este emplazamiento polifacético donde se desarrollan todas y cada una de las actividades que no pertenecen a la esfera privada. Recordemos, también, que la palabra fobia significa miedo descontrolado.  No es el miedo normal ante una situación de peligro. Fobia (que así existe en español) se refiere al pavor inconsciente, descontrolado. Es el que hace salir al individuo tan de sí que no actúa con los mecanismos de defensa propios del miedo. 

¿Qué es la agorafobia y cómo se reconoce? 

Esta larga introducción viene a cuento de la dolencia que traemos hoy. Si conocemos la etimología de la palabra ágora, entendemos mejor la problemática. Porque agorafobia no significa simplemente miedo a los espacios abiertos. Esto es reducir el complejo sentido semántico del término y, por ende, de la problemática a la que alude.  Más bien nos dice del miedo incontrolable a todo aquello que se produce de puertas para afuera. Y ese puertas para afuera es todo aquello que implica interacción en la vida pública, ya sea la compra, el ocio, el trabajo o hasta el aprendizaje. 

Por eso, una persona con este tipo de crisis no podrá salir a la calle, aunque el problema no esté únicamente en el cielo abierto o en la plaza amplia. De igual modo, se sentirá morir en espacios cerrados públicos. Comenzará (en casos graves) a desdoblarse en una cola, en una multitud o en un lugar abarrotado. Quien tiene una crisis de agorafobia se verá impotente para realizar cualquier actividad que implique dejar atrás el núcleo seguro de las cuatro paredes del hogar. Y esto se extiende también a las personas que puedan encontrarse en uno u otro emplazamiento. El miedo se expande a cualquier extraño o desconocido que se cruce con la persona.

Síntomas de la agorafobia más comunes

1.- Miedo irracional a enfrentarse a cualquier situación que implique la actividad pública. 

2.- Este se manifiesta con sudor, escalofríos y crisis respiratorias. 

3.- Esto puede provocar o bien taquicardias o bien vértigos intensos. 

4.- Todo ello puede llegar a un ataque de pánico en el que el individuo tiene muchas probabilidades de perder el control.

5.- Ante la posibilidad de la mera exposición pública se puedan dar dolor de cabeza y vómitos intensos. 

6.- En casos extremos, el individuo será incapaz de afrontar la situación y desarrollará un mecanismo psicosomático que le impedirá moverse o se quedará paralizado. 

7.- Todo estos síntomas que son vividos con angustia por la persona que sufre la agorafobia llega a la reclusión en los muros de la casa y el contacto única y exclusivamente con las personas más cercanas. 

8.- El individuo, por tanto, evitará salir del hogar y se le hará imposible a hacer cualquier tarea cotidiana que implique este contacto cívico (entendido en su acepción clásica de interacción con los miembros de la comunidad). 

9.- El aislamiento irá cada vez a más limitando cualquier oportunidad de crecimiento personal y desgastando las relaciones a unos niveles patológicos. 

10.- En estos casos, además, para poder controlar la ansiedad y el miedo que produce esa exposición se recurren a drogas como el alcohol, cannabis o marihuana. Las probabilidades de caer en adicciones, por tanto, se multiplican de manera exponencial. 

Con este cuadro, cualquier relación queda dañada ya sea la de pareja, la laboral, la social e, inclusive, la de esparcimiento. 

Causas de la agorafobia 

No se conocen los desencadenantes de esta dolencia o, más bien, puede aparecer por múltiples factores. Ni que decir tiene que cada persona, ante la misma exposición, va a reaccionar de distinta forma. El modo que tiene de defenderse el que sufre de agorafobia es por el método de la evitación. Esto es, como el mundo de fuera me produce mucho dolor me quedo recluido en mi mismo y en las cuatro paredes de mi casa. Lo malo de esta solución es que agrava el problema aún más. Estas personas ven mermadas (cercenadas más bien) cualquier posibilidad de desarrollar una relación de pareja saludable, la gran mayoría de actividades laborales y de implicarse con alegría en actividad de ocio alguna. 

Entonces, ¿cuáles pueden ser las causas? 

Entre ellas se apuntan:

1.- A crisis de ansiedad tan intensas que la persona se ha visto perder el control. Ante la humillación, la vergüenza o el miedo, se acaba por ir retrayéndose cada vez más hasta desencadenar en una agorafobia. 

2.- También se genera tras periodos de estrés agudo como consecuencia de acoso, bullying, maltrato psicológico o ansiedad laboral por cualquier circunstancia. 

3.- También se sabe que individuos que se han refugiado en las adicciones (drogas y alcohol) para apaciguar la ansiedad pueden generar una agorafobia. En estos casos, el cuadro se agrava mucho más porque las relaciones de todo tipo se ven afectadas hasta límites graves. 

4.- Las personas con ansiedad generalizada y/o que han sufrido un cuadro de depresión importante tienen más posibilidades de caer en una agorafobia. 

Tratamiento de la agorafobia

En estos casos, es necesario la intervención de un terapeuta especialista en miedos y fobias que logre encontrar la raíz del problema y afrontarlo. En casos graves, incluso, se necesitará medicación en las primeras fases para poder dar los pasos iniciales con mayor seguridad. 

La persona afectada necesitará de esta mano amiga que le guíe por el ágora poco a poco. ¿Cómo se hace esto? En esencia, exponiendo a la persona a las distintas situaciones que le dan miedo. Por supuesto, necesitamos confiar en el buen hacer del terapeuta que irá organizando estos avances progresivamente.

La agorafobia es tan compleja y personal que la terapia debe hacerse individualmente y antes de que se extienda en el tiempo. Si una crisis dura un mes, la persona va a ver afectada todas las áreas cívicas de su vida. Si lo deja pasar un año, el acompañamiento va a tener que ser también más largo. 

Una vez pasada esta primera etapa en la que se va exponiendo paulatinamente al ágora, la persona puede ir controlando esos miedos con otras técnicas que ahonden más profundamente en la raíz del problema. 

La agorafobia es un conflicto invalidan al máximo. Recuerda que los terapeutas de Dear Coach te van a ayudar a tratar tanto los problemas de estrés y ansiedad como los de miedos y fobias. 

¿Hablamos? Te escuchamos.

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