¿Qué hay detrás de la ansiedad laboral hoy?

La ansiedad laboral en el Siglo XXI

Ha existido siempre pero, al día de hoy, bien entrado el siglo XXI, está más presente que nunca. ¿Por qué? ¿Acaso es más frecuente que hace décadas? La pregunta, probablemente, es no. ¿Entonces, por qué se habla tanto de ansiedad laboral en todos los ámbitos? Con toda certeza porque somos más conscientes de lo que supone el problema. No solo es un hándicap para los miembros de las compañías (llegando a crear problemas de salud tan graves como la depresión) sino también para las cuentas de la empresa. Son múltiples las estadísticas, estudios e informes que inciden en este sentido: un mal ambiente laboral está relacionado con una baja productividad y pésimos resultados generales. Pero, ¿por qué ocurre esto? ¿Qué deben cuidar las empresas para que unos empleados felices den lo mejor de sí con alegría? Atentos…

Ansiedad laboral cuando se inicia un proyecto

Es lo normal y no hay que “culpar” a nadie por ello. Eso sí, quizás haya que estar vigilantes para que la ansiedad laboral no sea el peor escollo para sacar una idea adelante. En los inicios se requiere de nosotros una alta implicación, una flexibilidad extrema, grandes dosis de empatía y, además, convencimiento de que todo va a salir bien. Si no fuera así, no nos embarcaríamos en ninguna empresa. Lo normal, frecuente y lógico es que no salgan las cosas a la primera. En estos momentos estamos ante el prueba y el error y la reorganización constante.

Aunque hay personas que se mueven bien  o razonablemente bien en estos estados, otros, sin embargo, tienen más problemas para adaptarse a estas situaciones de cambio a cada hora. Es aquí donde puede surgir la ansiedad laboral de manera individual. Y el estrés de uno puede contagiar a todo el equipo. El resultado puede ser tal catástrofe que hay que hacer un esfuerzo adicional por mantener a todos sus miembros en el convencimiento del éxito. Una mentalidad de abundancia (de la que hablaremos otro día) y una buena gestión de la inteligencia emocional van a contribuir a ello.

¿Qué ocurre cuando las cosas no salen como estaban proyectadas?

Aunque el proyecto ya lleve años en marcha, a veces, las cosas se tuercen. Y es aquí donde hay que poner a prueba a todo un equipo “acostumbrado” a que el esfuerzo fluya y que este se convierta en beneficios para todos. En estos casos, como en los inicios de cualquier empresa (del tamaño que sea) hay que hacer un redoble (de todos) por mantener la calma. Ante esta situación, es frecuente que se den desbandadas de talentos porque no se sienten valorados como antes o porque se le asignan tareas tediosas para las que no están preparados. Volvemos a lo mismo: se soluciona con buenas dosis de inteligencia emocional, empatía, liderazgo y flexibilidad.

Los ambientes tóxicos crean ansiedad laboral a raudales

Es lo más frecuente. Hoy no es como hace décadas que la mayoría se conformaba con malvivir en un trabajo que solo daba disgustos y una paga a final de mes. Afortunadamente,  nuestra época da otras opciones y la movilidad es una constante. Los últimos datos apuntan a que más del 80% de las renuncias y dimisiones se producen por desgaste emocional. Este puede ser de distintos tipos.

A.- Jefes que no están preparados

Siempre es porque no está preparado. El que lo está sabe liderar su equipo con serenidad, empatía y altas dosis de comunicación. Al que le viene el puesto grande se pone nervioso, entra en estrés (cuando no en ira) y eso lo paga con los que están alrededor. El buen líder es el que sabe a dónde hay que ir. Y si en algún momento se encuentra perdido o con dudas, dispone de la humildad y carácter para hacerlo llegar a los que conforman el equipo. Al día de hoy, no sirven las estructuras lineales en la que uno dicta directrices y los demás obedecen. El mundo se ha vuelto complejo y la única manera de salir adelante es aprovecharse del talento de todos. El mal jefe es el inflexible que aún no se ha enterado de esta máxima y contagia su insatisfacción al resto.

B.- Compañeros que se llevan los problemas al emplazamiento de trabajo

Ni que decir tiene que todos tenemos contratiempos (enfermedades propias o de seres queridos, divorcios, separaciones, averías en casa…) pero hay quien es un problema con patas. Por supuesto, hay que ser empáticos porque estas cosas a todos nos pasan, pero tú ya sabes que hay compañeros que parecen que disfrutan con esa mala suerte y no hacen nada para remediarla. A veces, detrás de esas actitudes se esconden una autoestima baja al máximo que se escudan en las dificultades para no hacer frente a los retos. Por eso, los terapeutas de Dear Coach tienen tantos programas centrados en el aumento de la autovaloración a la hora de encarar las problemáticas laborales.

C.- Ansiedad laboral por competición ante un ascenso

Es más frecuente en las grandes compañías. Suele suponer más responsabilidad (por supuesto) pero también ese aumento de sueldo que te va a permitir comprarte ese capricho o hacer el viaje a África que llevabas soñando desde niño. Si la ansiedad no genera en envidias y malas artes, puede estar justificada y no requiera más intervención. El problema puede llegar si no se ha alcanzado esa meta y empiezas a complicarte la vida sin disfrutar de lo que se tiene. ¡Ojo! Hay quienes consiguen el puesto acariciado largo tiempo y, cuando llegan a él, no lo ven tal como lo habían imaginado. Ni que decir tiene que aquí la frustración puede ser doble. En este caso, sí vas a necesitar algunas sesiones de coaching para sacar el origen de ese malestar.

D.- Dudas, miedos y envidias entre colegas

Como la vida misma y tal cual. La envidia es ese monstruo que nos come por dentro y no nos deja disfrutar de lo que tenemos. Si no está encauzada (solo se puede hacer con terapia para llegar a su origen y, desde allí, comenzar el proceso de sanación), se manifiesta en forma de cotilleos, chismorreos y habladurías. En ese ambiente, la ansiedad laboral encuentra tierra abonada para crecer rápidamente. Por eso, hay que cortar esas malas hierbas desde raíz.

La ansiedad laboral también se produce cuando sientes que ese no es tu proyecto de vida

Todo puede ser color de rosa en tu trabajo. Tus compañeros son esos amigos que habías deseado. El jefe es un líder nato que tira del carro con alegría y motivación. Las cosas van bien y tú tienes tu paga a final de mes. Pero… hay algo en ti. Tú sientes que ese no es tu proyecto de vida, que en ese puesto o tarea no estás dando todo lo que tienes en tu interior. Y, por tanto, el malestar se instala no dejándote disfrutar de lo que tienes y que la vida te está dando.

Este es un momento en el que necesitas parar y buscar ayuda. ¿Por qué? Porque es necesario que encuentres la raíz de ese malestar o bien tu falta de asertividad. A veces nos sorprendemos lo fácil que es verbalizar cuando hay algo que no acaba de encajar y lo aún más sencilla que es su solución. Las empresas del siglo XXI saben que es necesario alejar el estrés sí o sí. Por eso, también se esfuerzan en desarrollar el crecimiento personal de los que están en nómina. Si sientes que estás en este ambiente, mira dentro de ti y no tengas miedo a expresar con tranquilidad, serenidad y honestidad lo que sientes.

¡Quién sabe si la solución está justo a un centímetro de donde te encuentras! Y si se ha alejado kilómetros, los consultores de Dear Coach te ayudan a encontrarla.

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