Claves básicas para el empoderamiento femenino en el siglo XXI

Un documento para la reflexión sobre el empoderamiento femenino en Occidente en el siglo XXI donde puedes aportar tus valoraciones y experiencia.

feminismo

Aún faltarían algunos años (y una guerra civil de por medio) cuando Elizabeth Cady Stanton, activista por los derechos civiles, redactó la Declaración de Sentimientos. Eso fue a las afueras de Nueva York en 1848. Aún existía la esclavitud y las mujeres estaban (salvo excepciones como nuestra protagonista) recluidas en las tareas del hogar y bajo la tutela masculina. En aquel momento se pedía el voto femenino.

Llegaría después la educación universal para todas las niñas (recogida en la Convección de los Derechos Humanos de 1953). No podemos ponernos país por país pero solo voy a dar otra fecha más que nos invite a reflexionar. Hasta la Constitución Española de 1978 una mujer casada no podía abrirse una cuenta bancaria sin el permiso del marido. Si estos pasos de gigantes en cuanto al empoderamiento femenino dicen mucho, los cambios reales se hacen en el día a día, en la cotidianidad, en la actitud ante las circunstancias de personas que no entran en los libros de historia.

¿Qué significa empoderamiento femenino hoy?

Reconozco que el tema daría para un libro. Hoy simplemente vamos a reflexionar un poco en la fecha en la que estamos (1 de marzo de 2019) y el lugar concreto (España, aunque tenemos lectoras de USA y LATAM). Nuestro emplazamiento es distinto. La educación es universal. Es más, la universidad pública española cuenta en sus aulas 54 mujeres por cada 100 estudiantes. Pero, a pesar de estos números tan esperanzadores, son indignantes las cifras de violencia de género (a todos los niveles) abusos sexuales impunes, violaciones y… micromachismos.

Más datos

En esta última palabra podríamos meter incluso las creencias o visiones educativas que limitan el desarrollo y el empodaramiento femenino. Porque, empoderar significa aumentar la participación, las voces, las opiniones, la cosmovisión de los grupos que, históricamente, han sido relegados. Empoderar significa tomar la palabra para expresar, aportar ideas, coordinar y mejorar la sociedad por grupos que, históricamente, han estado silenciados.

En Occidente aún existe ese techo de cristal con el que chocamos a la hora de tomar puestos de responsabilidad. Pero empoderamiento femenino no solo significa hacerse ver o tomar espacios públicos antes vetado, también supone un cambio. Y ese cambio es hacia otra cosmovisión.

Empoderamiento femenino versus “feminazi” y otros descalificativos

Y aquí entramos en todas esas controversias en las que se suelen encajonar a las mujeres comprometidas con el empoderamiento femenino. Las etiquetas son fáciles, desde feminazis hasta el descalificativo que se te ocurra poner. El empoderamiento femenino no va a ser posible a nivel global si entre todas logramos normalizar una mirada distinta de hacer las cosas.

Y ese hacer las cosas va desde las tareas del hogar, la terrible conciliación familiar de las últimas décadas, la generación de leyes justas y equitativas, una nueva perspectiva en los centros de trabajo, una manera distinta de plantear los negocios, una forma más cívica de hacer política, un reparto distinto de la riqueza… Y, por supuesto,  un estar y sentir el mundo diferente.

Aún más datos

Reitero que este texto de hoy es una llamada a la opinión (que no a la controversia), a la reflexión y, por tanto, al aporte de ideas. Una mujer empoderada no va a ir nunca contra el hombre. Él es su amigo y compañero. Más bien querrá mostrarle otro camino distinto al tradicional masculino. Tampoco exige posiciones favorables para su desarrollo personal (porque es contrario al sentido de empoderamiento) y mucho menos quiere hacer saltar por los aires el mundo que tenemos.

Las revoluciones femeninas que se están llevando a cabo son silenciosas, sin ruido mediático, profundas porque apelan al sentir de millones de mujeres (y de hombres).  Y porque están poniendo sobre la mesa fórmulas antes ignoradas pero que se satisfacen a todos por igual.

Claves para el empoderamiento femenino hoy

Dicho esto, parece que todas las mujeres tendríamos que agruparnos en torno a una Internacional Feminista o algo semejante. Esto es, simplemente, contrario al espíritu femenino. ¿Quiere esto decir que no nos asociamos o nos apoyamos? Todo lo contrario.  Los grupos de ayuda han estado siempre ahí: en el barrio, en el pueblo, en la vecindad, en la familia, en la escuela…  Son eficaces y distintos a las grandes corporaciones estructuradas de forma piramidal.

Con todo esto que publicamos hoy podemos decir que el empoderamiento femenino se hace con el ejemplo individual, colectivo, aunado sin estridencias ni alardes de grandes pancartas ni soflamas. Ya ha empezado. Hace tiempo que está en marcha y es imparable. ¿Por qué? Porque somos muchas las que estamos afanándonos, con autovaloración, por nosotras mismas, familia, trabajo, comunidad… Y esas muchas hacen una gran voz.

Por eso hoy damos estas claves sencillas, fáciles, íntimas para que este empoderamiento femenino del siglo XXI sea una realidad.

1.- Amate y no seas tu peor juez

Sin una autoestima en tu sitio es difícil sacar lo mejor de nosotras mismas por mucho que nos esforcemos. Este es el primer reto, la terapia más urgente (en el caso de que se tenga que realizar). No seas para ti misma un juez implacable que solo ve defectos, carencias y limitaciones. Son fantasmas de nuestra mente que nos asustan para que no intentemos conseguir nuestra mejor versión.

2.- No tengas miedo a mirarte en tu interior

El proceso de crecimiento personal a veces comienza con una depresión, con un cuadro psicosomático, con la toma de conciencia de estar siendo víctima de una manipulación, con una crisis de pareja… En esos momentos nos miramos hacia dentro en un afán por conocernos mejor y por saber qué nos ha pasado. No es ninguna novedad que ese proceso duele. Tienes que ser valiente y seguir mirando. Allí encontrarás la luz y el agua clara que te va a permitir seguir avanzando.

3.- Mira aquellos puntos de mejora y sé indulgente

El proceso de crecimiento personal no se termina nunca. El ser humano es insondable, complejo, rico… El alma humana es poliédrica a más no poder. Siempre podemos mejorarnos en ese camino hacia la felicidad y la entrega social. Esto no significa que nos vayamos a convertir todos en eremitas o en personajes similares. Simplemente es un estar en el mundo de otra manera, con alegría, amor y felicidad con lo que se hace. Y da igual lo que sea que se hace.

4.- Si no tienes miedo a mirar el interior, tampoco a salir al exterior

Muéstrate, busca, ve por aquello (sin hacer daño) que necesitas o que sabes que te va a hacer feliz. No tengas miedo a viajar sola, a montar tu negocio, a cambiar de empleo, a salir de situaciones que no te mejoran, a vivir sola… Nunca es tarde si empiezas ahora a comer sano, a cuidar tu cuerpo a la par que tu interior, a hacer ejercicio, a ponerte guapa…

5.- Si no lo tienes busca un trabajo que te de libertad

Y es una opinión tan personal que quizás me esté entrometiendo. El trabajo da libertad. Nos afianza en la seguridad en nosotras mismas. Nos permite tomar decisiones individuales, a veces, hasta arraigadas. Pero ese trabajo tiene que ser satisfactorio, que te llene, que te de alegría. Si estás en un lugar que no te sientes valorada o que no estás dando todo lo que puedes ofrecer, sal y busca uno nuevo. En Occidente en el Siglo XXI es más fácil (a pesar de las cifras de paro) con las posibilidades comunicativas de Internet.

6.- Y que el trabajo te permita conciliar

Que eso es una fuente de bienestar total. La conciliación no es solo pasar tiempo con nuestra familia o dedicar horas a los hijos. Es sacar energía para transmitir estos cambios a los más pequeños. Sin nuestro ejemplo, sin nuestra experiencia de transformación, los peques de hoy no podrán ver las bondades de este empoderamiento femenino del siglo XXI.

7.- Date caprichos

Y eso no significa (o sí) que estés con la tarjeta comprando cosas. Sal a la playa, al bosque, a la naturaleza. Deja un tiempo solo para ti. Lee ese libro. Mímate con buena música. Pon esas flores que tanto te alegran en el recibidor de casa…

Haz todo aquello (sin dañar) que te haga crecer porque aquí comienza el camino de la felicidad. Sin alegría es muy difícil dar al mundo la nueva perspectiva que significa el empoderamiento femenino

Recuerda que la casilla comentarios está abierta siempre a tus dudas, sugerencias, preguntas o respuestas. Y hoy más aún.

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