Inteligencia emocional para salir de situaciones de crisis

Inteligencia emocional de David Goleman

Porque siempre será en una encrucijada vital (cuando nos damos cuenta de alguna carencia o que la vida no está evolucionando como soñábamos) el momento en el que echemos en falta la inteligencia emocional. No se enseña en las escuelas (al menos por ahora) y es una herramienta vital para conseguir llevar con éxito (tal como queremos) una vida plena.
Empecemos por partes ¿qué es la inteligencia emocional de Daniel Goleman?


Corría el año 1995 y el mundo se sorprendía con un libro tan revolucionario que ha sido comparado con El significado de los sueños de Freud. Inteligencia emocional, escrito por el doctor por la Universidad de Harvard Daniel Goleman, inundaba las estanterías con su propuesta novedosa. Desde entonces ha vendido más de 5.000.000 de ejemplares escritos en más de 30 idiomas distintos. Pero ese número no es nada si lo comparamos con el cambio transformador que ha supuesto.


Hasta esa fecha, psicólogos, terapeutas, psiquiatras y educadores consideraban el cociente intelectual como la suma de una serie de habilidades intelectuales. Eso es, se clasificaba como persona inteligente a la que era capaz de resolver problemas matemáticos, concebir formas espaciales, mantener un alto nivel lingüístico, analizar problemas simbólicos… Y llegó Daniel Goleman intentando explicar por qué individuos considerados como genios por su alta coeficiente intelectual no eran capaces de desarrollarse de manera exitosa.


Y la clave estaba en la inteligencia emocional


Esto es, estas personas brillantes en conocimientos académicos clásicos no disponían de las herramientas, habilidades y entrenamientos que ofrece la inteligencia emocional. El concepto supuso un revulsivo a la hora de entender la complejidad espiritual humana. Tanto es así que en 2002 la UNESCO remitió una declaración de principios a más de 140 países miembros aconsejando implementar esta teoría en el currículo escolar. En España, vamos con retraso y solo se incluyen en colegios de élite.


Pero, ¿qué es la inteligencia emocional? La definimos como aquellas herramientas, habilidades y conocimientos de tus emociones encaminados al crecimiento espiritual y a construir sinergias. Esto es, es la capacidad para manejarse en el mundo no permitiendo que las emociones actúen en nuestra contra. En palabras de Goleman:


“Dominar el mundo emocional es especialmente difícil porque estas habilidades deben ejercitarse en aquellos momentos en que las personas se encuentran en peores condiciones para asimilar información y aprender hábitos de respuesta nuevos, es decir, cuando tienen problemas.”

Daniel Goleman: Inteligencia emocional


Las bajadas al infierno de las que hablan la literatura clásica suelen ser el emplazamiento donde vemos la verdad, la nuestra y también las de los demás. Allí la realidad se nos devuelve como un espejo y dependerá de los conocimientos emocionales que tengamos para salir fortalecidos de esa situación. A esta aptitud, muy resumidamente, se le denomina inteligencia emocional. El concepto fue ampliado en 2006 con la llamada inteligencia social, de la que hablaremos otro día.


Potencia tu inteligencia emocional para salir de las crisis


Vamos a lo práctico y a empezar a ponernos en marcha que este valor es poliédrico y complejo. Y retomamos las palabras de Goleman, cuando nos encontramos realmente mal, cuando nos vemos en una encrucijada, es el momento en el que tomamos conciencia de eso que nos falta.


1.- La inteligencia emocional supone conocimiento de nuestro interior


Esto es lo primero. Sin saber identificar nuestros sentimientos no podemos seguir avanzando. La alegría, la ira, el asco, el miedo, la tristeza… son consustanciales al ser humano. Son mecanismos evolutivos que, a veces, no conocemos a nivel racional. Por eso, lo primero es la identificación de lo que nos sucede.


“El conocimiento de uno mismo, es decir, la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece, constituye la piedra angular de la inteligencia emocional”.

Daniel Goleman


2.- La inteligencia emocional supone autocontrol


Tan difícil a veces, sobre todo cuando nos dejamos llevar por la ira, la apatía o la desgana. Tras la autoevaluación, tenemos que desarrollar herramientas para manejar las emociones y no que ellas nos manejen a nosotros. Esto no supone ni coartarlas, negarlas o eliminarlas. Es más difícil aún: no podemos dejarnos arrastrar por los sentimientos. Esto no es inteligencia emocional.


3.- Sin entusiasmo no hay inteligencia emocional


Esto no significa tener una perspectiva súper positiva o negar los contratiempos. El entusiasmo es enemigo de la apatía, de la procrastinación, de la pereza, del dejarse llevar. Son más bien fuerzas y ganas para acometer los proyectos que tengamos entre manos, ya sean materiales o espirituales. Es fundamental no caer en el pesimismo, en el derrotismo, en la autodesvalorización… ya que


“Las emociones negativas intensas absorben toda la atención del individuo, obstaculizando cualquier intento de atender a otra cosa.”

Goleman


4.- Sin constancia no hay inteligencia emocional


Es una máxima escrita desde los inicios de la filosofía (al menos la recogida en los libros). La perseverancia es amiga del éxito. Nada bueno se consigue de la noche a la mañana. Cualquier meta que nos propongamos alcanzar requiere de constancia, del día a día, de dedicarnos a ella sin parar.


5.- En este caso necesitamos automotivación


Si tenemos una autoestima baja o no creemos en aquello que hacemos, el desánimo se va a apoderar de nosotros inmediatamente. El amor por nosotros mismos, la creencia anímica y racional profunda de que vamos a conseguir cualquier meta es la clave del éxito para conseguir una buena inteligencia emocional.


6.- Aceptamos que somos vulnerables


Tenemos que interiorizar que somos criaturas con nuestros defectos (que debemos conocer y trabajar) y con nuestras virtudes (que debemos potenciar). Este sería otro paso para alcanzar la inteligencia emocional. Somos ese “fieramente humano” del verso de Blas de Otero. En nuestro espíritu habita la oscuridad y la luz. Si nos dejamos llevar por aquello desconocido, en sombras que nos atrapa y atrae, nunca alcanzaremos inteligencia emocional.


7.- Las emociones saludables se deben situar en el plano racional


Esto es, tenemos que llevarlas a la mente consciente y, en ningún momento, pueden estar en el inconsciente. Allí habitan el caos y el descontrol. Por eso, es importante verbalizarlas, hacerlas nuestras, ponerlas frente a frente y, si es necesario, hablarles. En esta etapa, es aconsejable un terapeuta que nos guíe por la maraña espesa, a veces, de nuestros sentimientos.


8.- Sin empatía no hay inteligencia emocional


Si no somos capaces de ponernos en el lugar del otro, de actuar, de movernos por el otro, no tenemos este don. Alguien encerrado en sí mismo que es incapaz de hacerse cargo de lo que sucede a su alrededor es una persona sin inteligencia emocional. Sin caer en problemáticas más graves (como puede ser la violencia de género en el hogar), aquí reside la base, en un alto porcentaje, de los problemas de pareja, el bullying, el acoso…

Porque la inteligencia emocional nos lleva por el camino del éxito y la salud


Una persona que ha trabajado su inteligencia emocional vive la vibración del amor. Y este es hacia sí mismo y hacia aquello que le rodea. Es una habilidad que se trabaja y se transforma. No estamos ante un don de nacimiento que se tiene o no se tiene.


De hecho, los últimos estudios científicos identifican a la epigenética como el responsable del crecimiento espiritual. ¿Y qué es la epigenética? Resumiendo mucho es (a nivel celular) lo que se transforma, evoluciona, crece, modifica, cambia y no viene dado por los ancestros. ¡Y además es el 80% de lo que somos!


La inteligencia emocional es ese conjunto de herramientas, habilidades, entrenamientos que te llevan a un estado de plenitud y de salud porque…


“Ayudar a las personas a manejar mejor sus sentimientos perturbadores –enfado, ansiedad, depresión, pesimismo y soledad- es una forma de prevención de enfermedades. Puesto que los datos demuestran que la toxicidad de estas emociones, cuando se cronifican, equivale a la toxicidad de fumar. Ayudar a las personas a gestionar estas emociones mejor podría potencialmente tener un beneficio médico tan grande como conseguir que los fumadores abandonen el tabaco”.

Goleman


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