8 tipos de trastornos alimenticios más comunes

trastornos con la comida

Comemos para subsistir y también por placer. En torno a la comida se generan encuentros, emociones, parejas y amistades. Desde los tiempos remotos, cualquier acontecimiento feliz se remataba o se celebraba con un banquete.  Esto suponía la reunión, el encuentro, el gozo, las viandas especiales…  Y, al día de hoy, no podemos imaginar una boda, aniversario, cumpleaños e, incluso, la firma de un acuerdo en torno a la buena mesa. En estos momentos la comida nos alimenta doblemente. Por un lado, es lo físico que nunca podemos olvidar y, por el otro lado, representa la alegría de un hito feliz. La comida pasa de ser una necesidad fisiológica a un regalo para el espíritu.

Causas de la mayoría de los trastornos alimenticios

Entonces, ¿qué pasa por el alma o la mente de una persona con trastornos alimenticios? Y hacemos otra pregunta: ¿qué son? Respondemos a esta última primero. Es, sencillamente, cuando se trata la comida de una manera ilógica, peligrosa o no acorde a nuestras necesidades físicas. En ocasiones, se convierten casi en una adicción y, en otras, es la excusa perfecta para el autocastigo debido a una autoestima muy baja o a otro conflicto emocional.

Aunque las causas son diversas, detrás de los trastornos alimentarios más comunes nos encontramos:

  • Personas con una autoestima tan baja que sienten en su fuero interno que no van a ser amadas si no lucen de manera perfectas según los cánones actuales.
  • Jóvenes y adolescentes que no pueden obviar el poder de la publicidad que nos presenta la perfección en modelos de extrema delgadez.
  • Adultos tan perfeccionistas y tan autoexigentes que no se permiten ni un solo capricho con la comida.

También pueden verse enredados en trastornos alimenticios

  • Afectados por estrés severo que no pueden controlar la ansiedad y recurren a la comida para llenar ese vacío y/o serenarse con el efecto tranquilizador (momentáneo) de la comida.
  • Personas víctimas de acoso psicológico que no saben dar salida a lo que les sucede.

De todos modos, cada tipo de trastorno alimenticio tiene una causa y cursa de una manera distinta. Hoy, en Dear Coach, traemos los ocho principales.

1.- Anorexia nerviosa, un peligroso trastorno alimenticio que puede ser mortal

Consiste en la restricción de ingesta a los mínimos posibles con la finalidad de lucir de forma tan delgada que, algunos afectados, llegan, incluso, a la muerte. Es más frecuente en la adolescencia y en los primeros años de la vida adulta cuando se está formando el carácter de la persona. Quienes lo sufren son muy exigentes con ellos mismos y con los demás. Además, tienen una autoestima tan baja que consideran que, si no responden a los cánones establecidos, no van a ser amados nunca. A veces, los niños y los jóvenes responden con una anorexia nerviosa como rechazo a cualquier situación vital dolorosa. Los efectos pueden ser demoledores si no se toman medidas inmediatas y contundentes con un buen profesional a tiempo. Las personas con anorexia nerviosa, a pesar de tener un peso mínimo, se ven obesas.

2.- Bulimia nerviosa y la baja autoestima que hay detrás

Aunque se suele considerar la bulimia el reverso de la anorexia, es un trastorno alimenticio muy similar. Detrás se encuentran personas con muchísima ansiedad que buscan en la comida un refugio. Al verse que han sucumbido a los estragos de la comida se provocan el vómito o las purgas con laxantes. A igual que la anorexia, los efectos pueden ser devastadores ya que se pueden generar daños irreparables en la garganta o en el sistema digestivo. Y eso sin contar que, al facilitar el vómito, el organismo tampoco recibe los nutrientes que necesita.

3.- Pica, el trastorno alimenticio de los niños recogido en la literatura

Suele ser frecuente en pequeños que no están atendidos lo suficiente por los adultos. Este trastorno alimenticio consiste en ingerir productos que no son alimentos. Lo más frecuente suelen ser los restos de pintura de la pared, los lápices, la tierra…  En estos casos, hay que atender al pequeño inmediatamente investigando qué hecho está detrás de esa compulsión. Los efectos pueden ser tan graves como una intoxicación.

4.- Trastorno por rumiación

También muy común, en niños sobre todo cuando están estresados al máximo o algo en sus vidas no va como quisieran. Consiste en masticar la comida y no tragarla del todo volviendo a la boca para volver a masticar y regurgitar. Puede llegar a ser peligroso para ellos y desesperante para los adultos que los cuidan. En estos casos hay que tratar al pequeño con mucho amor (eso siempre pero ahora especialmente) para hacerle entender de manera suave que eso le perjudica muchísimo. Si hay algún alimento que no le gusta, no seamos inflexibles. No pasa absolutamente nada si se le ofrece otro distinto.

5.- Trastorno de evitación o restricción de alimentos

Es más común de lo que parece y llega incluso hasta la vida adulta. En algunos casos estamos, incluso, ante ciertas fobias infundadas (como todas ellas). Se trataría de no comer (y hacer esta elección de manera exagerada) alimentos de un cierto color o forma. Ni que decir tiene que aquí no entran elecciones sensatas de veganismo u otras opciones saludables. En estos casos se ha estudiado los beneficios y se ha decidido por ello de una manera serena. En el trastorno de evitación estamos ante personas estresadas y con miedos incomprensibles a ciertos alimentos que no son capaces de razonar por qué no quieren ingerirlos.

6.- Trastorno de atracones  

En este tipo de trastorno alimenticio entra la ansiedad por comer. Ante situaciones de estrés, angustia o ansiedad se recurre a la comida (sobre todo a la rica en grasas y/o azúcares) para hacer callar el organismo. Estos componentes actúan sobre el centro de recompensa del cerebro dando un subidón de felicidad inmediata que baja al poco tiempo. Este efecto de subida y bajada como una montaña rusa ahonda aún más la problemática subyacente haciendo sentir a la persona que lo sufre que no tiene el control de su vida. Por eso, cualquier terapia en este sentido pasa por equilibrar los niveles de azúcares y por crear rutinas que eviten la tentación. Es muy frecuente en personas con depresión.

7.- Dietas constantes sin lograr objetivos concretos

Un trastorno alimenticio semejante lo forman esas “dietas de…” a las que se apunta, casi con desesperación, todas las personas que quieren bajar de peso. Actúan también sobre el centro de recompensa del cerebro prometiendo resultados que no son posibles e incidiendo más pronto que tarde en la autovaloración de la persona que acude a ella. Los efectos pueden ser importantes a no seguir por un tiempo una dieta equilibrada y sensata. Como no ofrecen ningún resultado, la persona va en busca de otra y de otra y de otra. Siempre irá a por la última, la más novedosa e, incluso, estrafalaria buscando la respuesta en el exterior en lugar de en el interior de ella misma. En este caso, funcionan las terapias propuestas por coach nutricionales que preparan menús adaptados a la par que se trabaja la motivación personal, la constancia y la posibilidad de alcanzar la recompensa a largo plazo.

8.- Ortorexia o la obsesión por comer sano

Es un trastorno alimenticio tan novedoso que apenas tiene veinte años. Con el desarrollo de la comida prefabricada o basura (a la que no podemos apuntarnos bajo ningún concepto) surgió el efecto contrario. Se llama ortorexia y la sufren personas preocupadas en exceso por su salud que solo ingieren productos ecológicos, naturales, procesados de una manera específica o que tenga unos nutrientes particulares. La persona suele pasar horas buscando la composición de los alimentos y contando calorías o micronutrientes. Puede estar asociada a la anorexia o a horas de intenso entrenamiento en el gimnasio de una manera poco saludable.

¿Qué hacer ante un trastorno alimenticio?

Ni que decir tiene que no podemos abogar por la comida insana ni mucho menos, pero en todos los trastornos alimenticios hay obsesiones. La persona que los sufre no se comprende, entiende ni conoce ni se perdona. No puede consentir un gramo de más o comerse un día de fiesta un chuletón o una tarta de chocolate con nata. En otro lado, en el de los atracones, las compulsiones no le dejan parar agravando aún más la mala percepción que tienen de ellas mismas. Por eso, es fundamental en estos casos acudir a un especialista que ponga un régimen ordenado, lógico, saludable y sensato. A la par hay que investigar en los procesos psicológicos que nos llevan a convertir un placer tan fantástico como la comida en una tortura.

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Imagen de Ryan MacGuire a través de Pixabay

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