El cambio social tras la violencia de género

¿Pueden ser las altas cifras de víctimas de violencia de género debido a un cambio social implacable? Abrimos hilo e iniciamos en Dear Coach este debate.

Maltrato a la mujer

¿Tenemos acaso una guerra de sexos? ¿Existen dos bandos enfrentados? ¿A un lado los hombres y al otro las mujeres? La respuesta es un rotundo no. Tú lo sabes. Si algo así fuera, sencillamente, la civilización que conocemos ya habría sucumbido fruto de una hecatombe.

Afortunadamente, el ser humano es inteligente, sociable, adaptable y… esencialmente bueno. Todo ello a pesar de ese mínimo porcentaje que nos escandaliza con su brutalidad y salvajismo. Entonces, ¿qué es esa terrible lista de víctimas a todos los niveles que se etiquetan bajo el nombre de violencia de género? ¿Por qué tenemos la sensación y así las estadísticas lo corroboran de mujeres que perecen a manos de sus parejas? Y eso sin contar todas aquellas que no llegan a engrosar (afortunadamente) esta crónica negra, pero que también sufren daños físicos y, en un número más elevado, un dolor psíquico indescriptible.

¿Guerra de sexos?

No. No estamos ante una guerra de sexos ni nada que se le parezca. De hecho el 99% de los hombres (incluso más) tratan a las mujeres como lo que somos: seres en igualdad de derechos y obligaciones. Para ellos somos compañeras de vida, amigas confidentes, hermanas amadas, madres respetadas e hijas adoradas a las que se dedica toda la atención posible, la misma que genera el amor.

Si es así, en línea generales, ¿por qué esta larga ristra de mujeres víctimas de violencia de género? Independientemente de los (des)valores individuales y educacionales detrás, no podemos perder de vista que hasta hace unas cuantas décadas, en Occidente, la mujer estaba, sencillamente, tuteleda por el hombre.

Entendiendo la violencia de género con el progresivo empoderamiento femenino

En España, con la Constitución de 1978 y la declaración de igualdad de todos, llegó algo tan importante como la posibilidad de que las mujeres casadas tuvieran su propia cuenta corriente. Esto hecho que, puede parecer nimio, es fundamental para entender el empoderamiento femenino imparable, progresivo y enriquecedor posterior. ¿Qué libertad puedes alcanzar si no te haces cargo de tu dinero o patrimonio? Vamos a más: ¿Qué decisión de calado puedes tomar si no dispones de recursos económicos para ti? ¿Qué camino de crecimiento personal vas a tomar si la única opción vital aceptada es el cuidado sin fin de la familia? Y pongo sinfín porque una cosa es que, en conciencia, tomes esa opción y otra muy distinta que no haya otra posible.

En los últimos años la mujer ha pasado de tener que firmar sus obras con un pseudónimo masculino (George Sand, por poner un ejemplo) a abanderar el cambio social actual. Y ese camino no es que haya sido difícil sino que hay algunos que aún no se han incorporado. Si hasta hace unas cuantas décadas (20 o 30 años) una “buena mujer” tenía que estar dedicada al hogar y poco más, esos moldes (des)educacionales aún perviven en ciertas familias, segmentos de población, grupos étnicos y personas individuales.

¿Qué ha sucedido con la mujer en estos últimos años?

Enumeremos solo algunos cambios que no van a dar luz sobre la problema.

Cambios en la educación de las mujeres

1.- El hogar ya no es el centro femenino. Eso no quita para que seamos felices con la entrega en libertad a las tareas de la casa, al cuidado de los mayores, a la crianza de los hijos y al apoyo de la pareja. Pero recalco una palabra: libertad.

2.- Si en la década de los sesenta el porcentaje de universitarias era mínimo en comparación con sus colegas masculinos, en la actualidad la mujer es mayoría en casi todas las carreras formativas. Eso no solo implica mayor cultura (por si esto no fuera suficiente), también oportunidad de desarrollar un trabajo satisfactorio que posibilite independencia económica y con ella oportunidad de criterios.

Cambios sociales que benefician a las mujeres

1.- El desarrollo de la información en Internet ha posibilitado el alcance de testimonios, estudios, trabajos o noticias al alcance de todos. Y eso sin contar el auge de las redes sociales. Si hasta hace unos cuantos años una mujer en casa estaba prácticamente aislada más allá del círculo de familias y amistades más cercanas, hoy el límite es el mundo.

2.- El apoyo, la concienciación, los medios para salir de situaciones de violencia de género ya sean en el plano del maltrato psicológico como el físico, también alimenta el fenómeno.

3.- La pérdida del valor “de lo que debe ser” por una búsqueda legítima de felicidad.

4.- El ejemplo ofrecido por múltiples mujeres contemporáneas que encuentran su camino y su misión vital fuera de los cauces establecidos tradicionalmente.

5.- La liberalidad de las costumbres y las formas de vida.

6.- La planificación familiar extendida de manera universal.

La libertad femenina vista como un problema en lugar de una oportunidad

Ante todos estos avances (no son otra cosa), un porcentaje de hombres que llegan casi al 100% ven una oportunidad. ¿Por qué? Porque, a todos los niveles disfrutan de una compañera, colega, pareja o amiga que da y recibe estos valores beneficiosos para toda la sociedad y no solo de manera individual.

Ahora bien, ¿qué ocurre con ese porcentaje mínimo pero lo suficiente amplio en número para que se conviertan en una lacra? Sencillamente, que no admiten ese cambio social como bueno. Detrás de la violencia de género siempre hay hombres con baja autoestima, rasgos narcisistas (también psicópatas de libro) que intentan suplir esas carencias ejerciendo (como se ha realizado de manera tradicional) el control sobre sus parejas. Al constatar que saltan por los aires los esquemas caducos y aprendidos, la respuesta es la violencia. Esta puede ser de diversos grados como protagonizan (por desgracia) los periódicos constantemente.

Más preguntas sobre violencia de género

Hay quienes que estarán tentados de dar una explicación fácil al asunto. Antes esto no sucedía. O sí. Sencillamente décadas atrás esta problemática se quedaba en la intra-historia, entre los muros de la casa. Y, aunque no hay estadísticas, probablemente hasta sería menor.

¿Por qué? Porque el status quo de estos hombres con problemas (en esencia) de autoestima y/o de reconocimiento de la poca valía no se veía alterado. Sería algo así como decir “si a mí no me van a rechistar porque siempre tengo la última palabra, no tengo por qué hacer absolutamente nada”. Y ese nada no es ni bueno ni malo. El problema (grave, extenso y cotidiano) ha llegado cuando se pone en cuestión esa forma de entender el mundo.

Y algunas…

Aquí sí hay una batalla y, las más de las veces, la pierden muchas mujeres que se enfrentan en soledad a un monstruo (comido por celos, problemas depresivos, enfermedades provocadas por adicciones…) que no entienden el bien de tener al lado una compañera que responde con amor a los cambios del mundo.

En Dear Coach somos conscientes de que un tema tan complejo no puede despacharse así sin más en poco más que mil palabras y unos cuantos conceptos hilvanados. Por eso, abrimos hilo y aceptamos propuestas, comentarios, ideas, testimonios respetuosos con el otro y este espacio.

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